14 de diciembre de 2007

Dolor de cabeza

El videoclip está a puntito... pero a qué precio...

No hay otro posible título para este post cuando todo lo que te pasa en un día te va propinando sopapos en la frente, cuando cruzar la acera se convierte en una hazaña y que alguien diga sí, es un milagro que te proporcionan los que menos te lo esperas. Con dinero se hacen las cosas más fácilmente... Sí. Pero sí y no. Si algo dice no, es que no, y lo único que te hace seguir hacia adelante es que aún hay gente que está ahí apoyando y compensa la bofetada. Cuando superas un No, el siguiente sí se suele ver afectado de tal manera que es un sí regular, no es como tú lo querías, pero tienes que aceptarlo, porque ese dinero que ahora tienes, es tuyo, y te lo estás jugando. Esa fila de dominó va empujando a toooodas las fichas que juegan en tu preparación de la pieza, y al final lo ruedas, porque por tus huevos lo ibas a hacer. Y no se parece en nada a lo que tenías pensado hace un mes, pero ahí está. Y lo haces. Es tuyo. Quién sabe, puede que sea mejor así.

La mañana empezó mal... La iluminación exigía furgoneta y no teníamos pedida ninguna. Tras varios intentos y lloros viendo las minutas, me decido por una (Cerca de la hora límite) y me dicen que sin tarjeta de crédito no puedo alquilar, que me meta mi dichoso dinero por el culo porque aquí no sirve de nada. ¡Una mísera furgoneta! Me voy a quedar sin luces por unas ruedas con plataforma...

Mikel y Dani (Teclista y cantante de soho) se aventuran a recoger todo con sus coches y al llegar les dicen que "nanai". Sus luces no se suben en esos coches. No caben y se pueden romper. El señor del alquiler nos dice que puede llevarnos el equipo al día siguiente a la localización, lo que me parece perfecto por 90€. Todo solucionado. Transporte barato e in situ. Pero antes de que me diese tiempo a celebrarlo me llama diciéndome que me lo mandan ya, lo cual no puede ser porque no tenemos sitio físico para dejar las cosas durante la noche. Pero... no hay otra, se la suda lo que me dijeran antes... esto es lo que hay. Pues bueno. Al final, como en todo rodaje que se precie, el equipo acaba en casa del dire de foto (para que juegue por la noche) y mientras escribo este post me llama para comunicarme que los muy gilipollas nos han llevado el material sin trípodes ni ceferinos... Si tanto te preocupabas por cómo viajaba tu foco, preocúpate por cómo lo vamos a colocar. Ahora qué. Gracias a su inestimable ayuda y a mi torpeza hoy he perdido una buena cantidad de amigos (Porque la goma elástica no es infinita...) a fuerza de pedir, suplicar, apañar, solventarme los Noes con Síes... En resumen, para solucionar las cosas que iban saliendo. ¿Y todo para qué? Si no tengo trípodes. Aún con trípodes tampoco merece la pena perder amistades, pero esto es lo que te hace darte cuenta de las tonterías por las que te tienes que pelear.

Un realizador es alguien que quiere hacer cosas bonitas para tener más amigos, pero para poder hacerlas tiene que explotarlos. Cuando encuentra nuevos tiene el mismo problema, pero cada vez más gordo.

El camino del realizador es solitario, y más cuando se produce él mismo las cosas. Más cuando ni siquiera le gusta producir.

El realizador ni siquiera tiene camino, porque levanta la cabeza y gira donde más le gusta. Cuando se quiere dar cuenta es viejo y depravado y se acuerda de sus antiguas amistades porque esa noche no tiene plan.

El realizador es una persona ególatra y lo sabe, pero no lo demuestra. Un día creyó que su trabajo era un chollo hasta que empezó a trabajar y descubrió que no era un trabajo, que había entregado su vida.



LA FÁBULA DEL REALIZADOR Y LA GALLINA

Andaba un realizador de medio pelo caminando por las cercanías de una granja. Caminaba vivamente mientras se creía conocedor de ciertas verdades de la vida. Cierto era que su fama no llegaba lejos, pero él sabía que era porque prefería el anonimato. Sabía que los auténticos artistas murieron pobres... y eso le hacía gracia, porque pese a no ser reconocido su cuenta corriente era de aúpa. Eso le hacía feliz.

En medio de su rutinaria discusión matinal con su ego, este realizador se dio cuenta que le faltaba algo para estar completo al cien por cien, pero no sabía qué era. En ese dichoso momento una gallina se acercó a su pierna y le picó con cierta maldad. El realizador, que no conocía violencia - pues el artista es bien sabido que nace cobarde - se vio intimidado por aquella despeinada gallina entre gritos de pánico y llantos desesperados. Cuando éste se calmó, la gallina le habló.

- Sé lo que te falta
- He colmado mi vena artística. ya hasta puedo hablar con los animales.
- Sólo con las gallinas
- Ah
- Sé lo que te falta
- No me extraña que sepás qué es lo que me falta, sino que intuyas que me falta algo y dés por hecho que yo lo sé
- A ti lo que te falta es dejar de pasear y hablar con la gente
-...
- Las personas, la ciudad, las calles
- Pero eso es mundano
- Bueno, puedes hacer como yo. Tengo la verja cinco metros más atrás, pero cada día me asomó un poquito más por si ocurre algo interesante. Dentro ya sé lo que pasa, y he descubierto que nunca cambia. Si cada día salgo un poquito más, corro el riesgo de que llegue el día en que no pueda volver, pero si encuentro algo merecerá la pena el viaje... E incluso perder la vida. Pues la vida, si nada cambia, nada aporta.
- Veo a dónde quieres llegar gallina, pero lo que no entiendo es por qué no emprendes hoy mismo un largo viaje que te lleve más allá de donde puedas imaginar, ver todas las cosas de una sola vez y nunca volver. Serías siempre libre y siempre encontrarías cosas nuevas.
- En eso nos diferenciamos las gallinas de los realizadores. La rutina convierte lo rutinario en interesante, lo novedoso en apasionante, y lo increíble en el Nirvana. Sin rutina no somos nada realizador, pues sin rutina no distinguimos los momentos de liberación. Bien sé yo que podría salir de una sola vez y encontrar el mundo entero, pero entonces, cada metro de terreno peredería su efectividad. Ahora, cada día, convierto el metro siguiente en algo apasionante que me va a ocurrir seguro antes del ocaso, y si no fuera por él ya no podría vivir. Sin embargo... si descubro todo de una vez... Pasaría días muy felices e intensos, quizá meses. Luego llegaría el día en que todo se convertiría en rutinario pues habría devorado el mundo sin degustarlo, perdiendo la oportunidad de saborear sus frutos. Además, gracias a estar encerrada en esa granja, cuando salgo todo es mejor. Si estuviese siempre fuera no sabría distinguir lo divertido de lo normal, y la pasión desaparecería. Saliendo un poquito cada día sé que tengo felicidad reservada para el resto de mi vida. ¿No te gusta tomar muy despacio los postres que te gustan para que te duren más?
- No
- Pues a mí sí. Por eso soy una gallina y tu un mísero realizador. Tienes que quedarte con todo lo bonito que ves, con todo lo sabroso. Cogerlo, copiarlo, robar su esencia para luego mostrarlo, pues necesitas contar que has conocido cosas hermosas y para ello, en parte, has de destruirlas.
- Pues en cierto modo tienes razón, gallina.
- Además soís bastante tímidos y cobardes, ¿No?
- Me lo dice una gallina

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